Ha sido profesor de Proyectos y de Composición en la Escuela de Sevilla. Durante los años ochenta estuvo al frente del Patronato Municipal de la Vivienda de Sevilla (la empresa municipal de la vivienda) y trabajó en una política innovadora de vivienda social para hacer ciudad. En el centro histórico eso implicó rehabilitar con arquitectura contemporánea, de nueva planta, un tejido urbano deteriorado, donde realojar a los tradicionales vecinos del centro. Algo que luego, con más herramientas administrativas no ha habido voluntad política de hacer. En la periferia planteó una reflexión sobre el ensanche, sobre la manzana de vivienda colectiva, en la que estuvieron implicados los arquitectos más comprometidos con la ciudad de la década de los ochenta. Hoy, es coordinador del programa de cooperación de la Junta de Andalucía en Larache, a la vez que lleva adelante un estudio particular.

P: Háblanos de tu casa

La historia de la casa… bueno se dice que un arquitecto no se hace arquitecto hasta que no se hace su casa y yo creo que es verdad. Creo que la experiencia de hacerse una casa es fundamental. Recuerdo con mucha intensidad en la primera casa que me hice, ésta es la segunda, el momento en que pasas de ser arquitecto a ser usuario. Es un momento muy cierto. El minuto antes uno es arquitecto, el minuto después uno ya es usuario. Y entonces uno, en ese momento, descubre cosas que no había visto cuando era arquitecto y al revés. En la otra casa, espacios que cuando dibujé los planos no sabía cómo amueblarlos, porque el colegio te exige en el proyecto incluir planos de amueblamiento, sin embargo cuando eres ya el usuario sabes exactamente que ahí pones tal mueble porque es el rincón que te apetece para tal cosa o para tal otra. Esta casa, por ejemplo, es el resultado de haber aprendido a habitar en la otra. La otra casa era una casa que ya existía, a la que hubo que añadirle algunas pequeñas piezas, y en ella aprendimos a vivir. Luego a ésta hemos trasladado tal cual algunos de aquellos espacios, o casi tal cual, porque sabíamos que eran los que nos venían bien. Yo pienso que muchas veces hay que estar muy atento a lo que el mundo físico te hace encontrar. Más que tú diseñar, encuentras cosas.

P: Y luego hay espacios que encuentran su uso casualmente como este patio

Eso es. Este patio parecía no estar pensado exactamente para esto (allí nos juntamos a comer una paella un grupo numeroso de amigos), pero funciona bien.

P: Tu eres una persona que has pensado mucho sobre la casa, la casa mediterránea, la casa de Sevilla, y te has enfrentado a la casa contemporánea y en primera persona has vivido el tema de los hijos, que tienen hoy día necesidad de tener un espacio de autonomía, en una casa de los padres en la que conviven más tiempo del que era habitual antes.

Si, es un proceso paulatino. En la primera casa de alquiler los hijos tenían un dormitorio cada uno, de un piso normal. En la siguiente casa ellos tenían un espacio más o menos autónomo, dos alcobitas y una sala común. Ésta, cuando ya eran realmente casi independientes, es casi una casa de vecinos en la que cada uno tenemos una especie de miniapartamentos con una autonomía grande. Para saber si están hay que llamarlos por teléfono...

P: y se evitan problemas de convivencia…

Bueno, sobre todo es que te enfrentas a una realidad de la vida y es que el tiempo corre muy rápido y esos programas antiguos en los que te pedían “diseñe usted una casa para una familia en la que el hijo estudia arquitectura (el niño siempre estudiaba arquitectura), la hija tiene quince años…eso dura un instante, y al siguiente instante ya ha cambiado. Ya el hijo no estudia arquitectura, ya la hija no tiene quince años. Las casas tienen que ser algo mucho más flexible.

P: Esa curiosidad que nos dices que define tu carácter, ¿cómo influye en tu arquitectura?

Yo me torturo mucho. Los proyectos no me resultan fáciles. Admiro mucho a los arquitectos que tienen gran facilidad pero como sé que yo no la tengo me atraen mucho los personajes que sé que tampoco la han tenidp. Por ejemplo siempre me ha interesado mucho John Soane, el gran arquitecto inglés. He estudiado mucho su obra, en la Escuela he dado algunas clases sobre él y cuando he tenido oportunidad de visitar algunas de las pocas que hizo, disfruto mucho viendo detrás de ellas la cantidad de tiempo que hay, la cantidad de reflexiones. Cantidad de dibujos distintos, vueltas y vueltas hasta que al final se encuentra algo. En definitiva yo creo que por lo menos en mi caso, tienes que ponerte una serie de ejercicios cotidianos, de rigor, de ética, de no olvidar cosas, de horarios, de trabajo, de lecturas, de miradas, de atenciones, y entonces encuentras cosas. Tu no las buscas, aparecen. En Soane aparecen de pronto, son como iluminaciones y a mí eso me atrae mucho.

P: Eso le pasa a casi todos los que se enfrentan a un trabajo creativo o investigador, la inspiración les viene trabajando

Exactamente, creo que esa es la clave

P: Cambiando de tema, tu has nacido en Sevilla ¿cómo ha marcado Sevilla tu forma de entender la vida y la arquitectura?

Pues curiosamente no por nacer sino por volver. Yo me fui a Madrid a estudiar arquitectura casi sin tener conciencia de esta ciudad, había vivido siempre en barrios marginales de Sevilla, nunca había estado en el centro de las cosas y cuando volví, lo hice con un hambre tremenda de enterarme de lo que era esto. Y todo lo que ha pasado luego fue porque no podía estar sin explicarme cómo era de verdad la ciudad, la curiosidad de la que antes hablábamos. Fue Sevilla la que me despertó el interés por la ciudad. Sevilla no es una ciudad que a primera vista se entienda. Hay que desentrañarla, hay que indagar mucho.

P: ¿Te consideras ciudadano de Sevilla?

Hombre uno es de dónde es y la trayectoria de uno se explica por lo que has hecho. Mucho de lo que he podido hacer o dejar de hacer ha sido por encontrarme aquí. Tuve la oportunidad de quedarme fuera, incluso lo pasé mal al volver, pero lo hice y supongo que todo se ha teñido de esa decisión. Por otra parte, yo no soy localista. Me atraen muchas ciudades y países, y algunas muchísimo. Por ejemplo Nueva York. Sólo he estado una vez allí pero me deslumbró y me siento tan de allí como cualquiera. Y también de Madrid, de Estambul,…son ciudades que las sientes tuyas desde el primer momento que las pisas y a las que siempre quieres volver.

P: ¿Qué claves nos darías para entender el panorama arquitectónico actual?

Pues yo creo que es como la selva, como el Amazonas. Puede ser algo impenetrable, algo raro y cuajado de seres extraños, o algo riquísimo, en el sentido de que la vida bulle por todas partes y quizás debajo de una hoja encuentres algo maravilloso. Pienso entonces que entre esa especie de maraña medíatica de imágenes, entre ese consumo de formas que hace que las revistas te asaeteen con cosas que se caen de puro falsas, que son poco más que montajes, de pronto encuentras algo que revela todo un mundo. A veces al revisar revistas, que has dejado aburrido de esa maraña, de pronto encuentras algo así, y te atrae y hurgas un poco y te das cuenta que hay gente que tiene planteamientos interesantes y que a lo mejor la publicación no lo deja ver claro, pero que tú sí lo ves. Creo que el panorama actual es muy rico, pero también muy confuso.

Y desde luego la arquitectura no domina el mundo. Lo que se produce no tiene nada que ver con la arquitectura. Hemos perdido o estamos perdiendo la batalla de la producción de la ciudad. El urbanismo de hoy es el peor de los urbanismos posibles. No se habla para nada de ciudad, se habla de números, aprovechamientos medios, convenios, porcentajes, pero no de ciudad. A nadie le interesa cómo es una acera, qué tipo de vivienda es el adecuado. Cuando te enfrentas a un proyecto te dan como objetivo y horizonte una serie de números, 2 m2 de edificabilidad, 1 m de vuelo, 15 de altura, 6 de patio...Tu te enfrentas con una parcela en la ciudad, estudias la normativa y propones una interpretación. Vas a la gerencia de urbanismo y el arquitecto que está allí, que si es arquitecto se supone que es para algo, a veces se comporta como un autómata que tiene un papel delante y que te lee estrictamente lo que allí está escrito. Se supone que debería poder interpretar las cosas. Entonces, te das cuenta que en una ciudad tan compleja como Sevilla, difícilmente se pueden reducir situaciones tan diversas a cuestiones de aprovechamiento y de número. Y eso es una muralla con la que yo constantemente me enfrento respecto a las ordenanzas al uso. En los planes generales, por ejemplo, nunca se plantea de verdad la crítica a las ordenanzas. Lo que hacen es diseñar grandes operaciones y muchos convenios con las instituciones y las grandes promotoras. Pero no se hace de verdad un análisis de cómo se produce ciudad, de qué ciudad tenemos y por qué.

P: Ahora mismo hay un debate sobre la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior y esto vuelve a poner de actualidad la función social del arquitecto. ¿qué arquitecto necesita la sociedad de hoy?

Yo pienso que la sociedad necesita gente formada en el mundo de la reflexión de altura, de la ciudad, de lo que es la casa, de lo que es la vida… Y a la vez, necesita arquitectos capaces de responder a los problemas del hábitat sin pretensiones artísticas, sino con voluntad de enfrentarse con rigor a las exigencias de lo cotidiano. Creo que la Escuela, que para eso está, debería ser capaz de diseñar programas para trabajar en esas dos líneas, o sea gente con capacidad para anteponer determinados mundos más transcendentes, pero también para resolver los problemas cotidianos con sentido común. Creo que hoy día padecemos una gran esquizofrenia. Hay una diferencia enorme entre una élite de arquitectos capaces de proponer imágenes y proyectos de un nivel artístico de mucha excelencia, pero que tienen luego poquísima incidencia en la producción cotidiana. Y te encuentras que los arquitectos que hacen el 95% de la ciudad y los la que promueven o controlan desde la Administración, no aplican sentido común, ni excelencia arquitectónica, ni oficio de arquitectura. Creo que en la Escuela falta una asignatura troncal que no se llame arquitectura. Si la arquitectura tiene el aura del arte, que no se hable de arte, de artisticidad, sino simplemente de lógica, de urbanidad, de edilicia, de construcción. Que esto se dé por supuesto siempre. Luego habrá, que no todo el mundo está capacitado, quién proponga un hallazgo arquitectónico que nos ilumine a todos. Pero cuando menos que el nivel de producción no sea el que estamos habituados a ver. Hablábamos antes de lo que ha pasado en el Aljarafe. Que al menos los profesionales estén capacitados para elaborar alternativas y respuestas críticas ante esa situación.

P: ¿Cuáles han sido tus maestros y qué has aprendido de ellos?

Ramón (risas de fondo de Ramón de Torres). Bueno yo en la Escuela sólo he tenido un profesor de proyectos del que pueda decir que haya sido mi maestro, que es Rafael Moneo, de quien yo me sienta en deuda. Yo he aprendido siempre fundamentalmente de la gente con la que he trabajado. Y ahora de los amigos, de los compañeros. Yo creo que en la Escuela se aprende al final más de los compañeros que de los profesores. Aprendí mucho de los compañeros con quienes conviví y también de mi antiguo socio Antonio Barrionuevo y ahora de la gente que quiero, como Ramón. Y de los muertos… ¿vale hablar?

_ Sí, claro

A mí me ha impresionado muchísimo conocer la obra de Wright y Aalto. Ya me parecían arquitectos fuera de lo normal, pero me lo han parecido más cuando he entrado en sus edificios, por encima de todo.

_ Ahí se confirma una vez más que la arquitectura hay que visitarla, que no vale conocerla por fotografías

Por supuesto. La fotografía, en este caso no llega a lo que es la obra, y en la mayoría de los casos la fotografía supera a la obra. Visitas la obra y siempre te decepciona porque los fotógrafos son mejores que los arquitectos. Y en el caso de las grandes obras de verdad, éstas tienen cosas que jamás una buena fotografía puede sustituir.

_ Ya terminando, ¿qué le aconsejarías tú a los jóvenes que estudian hoy arquitectura?

En la época en que nosotros estudiábamos había una componente ética muy importante. Supuso un choque muy fuerte, hace unos 25 años, ver de pronto que la gente había perdido esa componente ética. Entre nosotros estaba mal visto darse directamente a la arquitectura comercial y me desconcertó ver que de pronto era al revés, que lo importante era ganar dinero cuanto antes y como fuera. Eso por un lado. Por otro, les diría lo mismo que hemos hablado antes. Que mantengan siempre la capacidad de dejarse sorprender por la buena arquitectura, que no siempre es la que más se publica, y tener ese objetivo y un poco ese horizonte vital, pero que se apliquen sobre todo al rigor, al sentido común y al trabajo cotidiano bien hecho, que en definitiva el compromiso social del arquitecto es hacer las cosas bien. Luego tú podrás tener tu compromiso personal, pero si eres un profesional, haz bien las cosas. Y da lo mejor que puedas de ti. Luego será arte o no lo será.

- Ahora eres coordinador de la cooperación de la Junta en Larache. ¿En qué medida lo que estás aplicando allí bebe de lo que has aprendido de la medina de Sevilla?

Más que de la medina de Sevilla es de los años que tienes. He tratado de trasladar el fiarme poco de los planes, fiarme poco de los grandes proyectos, de hacer planes territoriales, generales,… me fío más de hacer ya, o sea de meter las manos en la masa cuanto antes. Por supuesto, con el suficiente sentido común de no meterte en berenjenales que no puedas resolver, sabiendo lo que haces. Pienso que es muy importante hacer cosas. Es muy importante la reflexión, por supuesto, pero llega un momento en que hay que ponerse a hacer cosas con la salvaguarda de tu experiencia vital y profesional, que te da cierta expectativa de éxito. Se da demasiadas veces la circunstancia de que quienes actúan lo hacen mal y quienes podrían hacerlo bien no actúan. Porque anteponen multitud de planes. Al final ese ha sido el enfoque en Larache. Allí no actúas tanto como arquitecto sino como agente dinamizador social. En los planes que ahora se están haciendo sobre Larache, encargados por la administración marroquí a nuestros amigos de allí, la estrategia que han diseñado tiene que ver con esta manera de actuar. Es decir, que la práctica que hemos iniciado allí, que es modesta, ha servido de banco de pruebas para que en el plan se apliquen estrategias similares a un nivel ya mayor.

- Antes comentabas el cambio de actitud ética de hace 25 años, ¿crees que ahora mismo se dan circunstancias como para que vuelva a plantearse el compromiso social de los arquitectos?

Yo creo que ahora mismo hay una sociedad más dividida. Cuando yo estudiaba estaba mal visto ser de derechas o ser capitalista y los que eran así se lo callaban y lo ocultaban. Luego explosionaron y arrasaron. Y ahora estamos ante una sociedad más dividida. Hay grupos potentes que reivindican esa actitud social y ese orden de valores que hay que poner en cualquier cosa, y no anteponen un problema formal a una cuestión urgente de resolución social, y entienden el orden de las cosas y que la arquitectura no tiene por qué existir sin una base que no se sostenga socialmente. Pero ocurre igual que con la sociedad española en general, tenemos la sociedad dividida en dos. Hay una lucha ahí y parece que esto va para largo.

- Yo no tenía más preguntas, no sé si quieres añadir algo más para acabar

Bueno, no sé si lo he comentado, en la vinculación que he tenido siempre con la Escuela, como profesor o porque me han llamado luego para participar en algún curso, si que he pensado a veces que me hubiera gustado en la Escuela hacer un curso que no fuera de arquitectura, en el que se pudiera comenzar diciendo: Al que crea que lo sabe todo, le damos directamente el aprobado y que se ahorre venir, el que pretenda ser arquitecto artista que no espere que le enseñemos el camino… pero los que quieran aprender algunas cosas, que se pueden aprender, y que luego ayudarán a que la actuación profesional sea razonablemente coherente y lógica, que asistan y sigan el curso. Me hubiera gustado tener un curso así, simplemente.

- Bueno pues eso se puede hacer, ya hablaremos

Vale.

- Muchas gracias