La Educación para el desarrollo es un concepto relativamente reciente en el vocabulario y las estrategias para el desarrollo. Este concepto va ligado a una nueva concepción acerca de cómo han de enfocarse los esfuerzos para el desarrollo de regiones o países del llamado “Sur económico”: la concepción de la llamada “quinta generación” en la cooperación para el desarrollo (AAVV, 2004: 127). Tal generación ha dejado atrás planteamientos anteriores en la relación de los países desarrollados y los subdesarrollados tales como el de la ayuda asistencial, el trasvase de tecnologías y conocimientos tecnológicos o incluso enfoques más cercanos en el tiempo como el del desarrollo sostenible y la participación (Orduna, 2000:29), para dar un paso más en la comprensión y compromiso de los fenómenos de desigualdad promoviendo la educación para la ciudadanía global. El deseo de educar para una ciudadanía global es el que inspira a la Educación para el Desarrollo. Se sustenta en esta esperanzadora visión de la educación en la idea de que el cambio global, planetario, depende tanto de las sociedades del Sur como del Norte, de manera que sólo el compromiso y la responsabilidad de todos harán posible un cambio estructural que se mantenga en el tiempo . Este cambio estructural deseable supondría que la ciudadanía del planeta ha adoptado una nueva actitud respetuosa y comprometida con el medio ambiente, los Derechos Humanos, la igualdad de género, ha interiorizado valores de tolerancia hacia los inmigrantes, la población multicultural de nuestros entornos, y que ha pasado a formar parte, en definitiva, de la llamada cultura de la paz y de la solidaridad.
La educación ha sido vista tradicionalmente como un derecho esencial y como un vehículo hacia la formación integral y el empoderamiento de los individuos. Este enfoque que entiende la "educación como desarrollo" y que se propone como fin la universalización de la educación, vía ineludible para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social, sigue hoy día siendo prioridad básica para organismos internacionales (UNICEF), ONGDs y gobiernos nacionales. Sin embargo, desde la década pasada el nuevo enfoque educativo que supone la Educación para el Desarrollo se está implantando en las políticas tanto de los organismos internacionales que se ocupan de cuestiones educativas y de la infancia como la UNESCO o UNICEF así como de muchos gobiernos nacionales y de ONGs para el desarrollo.
La UNESCO se ha dedicado desde 1996 (programa internacional sobre la educación, la sensibilización del público y la formación para la viabilidad) a repensar la educación en términos de durabilidad y sostenibilidad para lo que es de todo grado imprescindible la sensibilización publica, el entendimiento y conocimiento por parte de la población de los retos globales que se presentan y el pensamiento crítico y concienciado de todos los ciudadanos con respecto a la situación del planeta.
Se trata, por tanto, de un enfoque a largo plazo, que ya hoy día constituye un componente importante de las políticas y estrategias de diversos actores que integran el sistema internacional de cooperación al desarrollo, al quedar manifiesto que es imposible acometer acciones que propicien el desarrollo de los pueblos sin un cambio previo de actitudes y valores que garanticen la consolidación y sostenibilidad de dichas actuaciones. Sin embargo, pese a que la asunción de los planteamientos de la Educación para el desarrollo así como sus prácticas, caracterizadas por el dinamismo y la participación, son cada vez más unánimemente compartidos y celebrados, en la actualidad adolece de numerosas debilidades tales como el bajo índice de implantación real en los contenidos curriculares, pues la Educación para el Desarrollo está primordialmente relegada al ámbito de la educación no formal, el poco grado de concienciación que con respecto a los problemas planetarios muestra la población adulta y la dificultad para hacerles llegar estos valores y sobre todo, una debilidad esencial es el de la dispersión de sus contenidos. En toda la literatura referente a esta nueva propuesta pedagógica se dice que pertenecen al ámbito de la Educación para el desarrollo contenidos que constituyen ámbitos de estudios individuales que cuentan con sus propios espacios discursivos, sus prácticas y sus planteamientos teóricos diferenciados tales como la educación para la paz, la educación multicultural, la educación para el medio ambiente....Así pues, éste será el cometido de este trabajo: contribuir a la aclaración de los contenidos específicos que deberían contemplarse en la educación para el futuro recogiendo algunas de los saberes y ejes temáticos que, como decíamos mas arriba, se enmarcan en otros ámbitos de estudios diferenciados y aportando nuevas directrices y parámetros que, a nuestro juicio, debieran ser contemplados por la Educación para el Desarrollo.
¿Qué saberes son esenciales para la Educación del futuro?
La Educación para el Desarrollo es una educación para el futuro. El futuro de nuestro planeta será presumiblemente más complejo, más diverso y el conocimiento habrá multiplicado sus alcances de forma exponencial. Ante la inabarcable diversidad de problemáticas planetarias, y de las consiguientes reflexiones acerca de cómo afrontarlas, ante el desaforado crecimiento del saber científico y técnico, ante volúmenes ingentes de información y conocimiento, la Educación para el Desarrollo se haya ante la necesidad de aunar enfoques, de elegir la temática, los conocimientos, los planteamientos teóricos y científicos que constituirán sus líneas fundamentales de contenido. La Educación para el desarrollo, si bien tiene hasta la fecha notablemente definido el cómo educar en el futuro, esto es, de forma participativa, interactiva, dinámica, en lo que respecta al que su campo es tan ambicioso que escapa a la delimitación. Así pues, el tratar de dar respuesta al qué enseñar y el para qué educar pueden ser útiles en esta tarea de necesaria acotación de las competencias de una Educación para el Desarrollo que tiene ante sí el difícil reto de hacer frente a un mundo sumamente complejo y cambiante.
La cuestión de la cultura
¿Qué educación habrá que hacer para lograr un desarrollo humano respetuoso del mosaico de rostros y culturas de nuestro mundo? Esta primera pregunta da cuenta de la realidad a la que asistimos de creciente diversidad cultural nuestras ciudades. Ante tal hecho, parece hacerse cada día más patente el que la educación uniformizada, tónica en los programas educativos, empieza a mostrarse defectuosa, pues pone en peligro la diversidad cultural. Los numerosos estudios sobre educación multiculturalidad (Polygone, 2003) han llamado la atención sobre el equívoco de que la labor de la educación no es reproducir cultura, sino esencialmente producir cultura y generar nuevos aprendizajes sociales y culturales. Es un proceso de reconformación de la identidad complicado el que está teniendo lugar. Tanto es así, que puede suponer una renuncia a ideas identitarias asumidas, para lo que es fundamental que entendamos un nuevo concepto que parece hacerse hueco en los estudios sobre identidad que es el de "transculturalidad", esto es, hoy día no existe cultura pura; todas las culturas están atravesadas por otras, por rasgos identitarios que nos son ajenos pero que están instalados en nuestras actividades diarias. Esto sirve de argumento a Homi Bahba, autor representante de los estudios postcoloniales, para afirmar que la cultura ya no puede ser utilizada como seña de identidad, no tiene validez respaldarse en ciertos rasgos culturales y creerse perteneciente a una cultura para reafirmar una identidad cuando ya todas las culturas están mezcladas, atravesadas (Bahba, 1994). La asunción de este pensamiento por las generaciones futuras daría muestra de un alto grado de respeto y de relativismo cultural, la superación de visiones etno- y sociocéntricas, significaría la aceptación de lo global sin perder el interés por lo local y lo propio. Es, por tanto, esta educación para la comprensión y la diversidad una orientación que debe ser recogida por la Educación para el Desarrollo si se propone crear ciudadanos del mundo, dignos de tal nombre.
La educación política
Asistimos a procesos de enseñanza-aprendizaje que apuntan a un vaciado de sus contenidos éticos y políticos para reducirlos a técnicas de transmisión del saber conceptual científico y del pragmatismo tecnológico. ¿Por qué se hace cada vez mas necesario redimensionar las prácticas educativas dotándolas de contenido político? Porque es fundamental dar a conocer el mundo en el que vivimos, las causas de las injusticias...el conocimiento contextualizado que hace comprensible e interpretable las realidades ajenas y lejanas para los niños.
Esta idea está muy vinculada a la de "educar para la democracia" (Morin, 1999:131), que supone respetar las libertades individuales, los derechos constitucionales, el funcionamiento del sistema de partidos, las elecciones libres, la división de poder e incluso ir mas allá y enseñar a las generaciones futuras las ideas de la llamada "democracia participativa", que aboga por el empoderamiento, la voz activa de los ciudadanos y que habrá de reemplazar las actuales democracias de las sociedades occidentales que son criticadas por ser más representativas o delegativas que participadas. La asunción de estos saberes democráticos constituyen una condición sine qua non para el avance de la Humanidad hacia la paz, la igualdad y la justicia.
Educar para la incertidumbre
Una dimensión menos considerada en la Educación para el desarrollo, pero igualmente esencial, es lo que Morin llama "Enseñar la incertidumbre" (Morin, 1999:40.42). Este autor, padre de los estudios de lo complejo, habla de las cegueras del conocimiento, que son el error y la ilusión.. El error de exactitud y la ilusión de la verdad. No es menos importante que en nuestro sistema de conocimiento estén presente la incertidumbre y el relativismo, es decir, que nuestros niños, los ciudadanos del futuro en su formación cienti'fica abracen la idea de la incerteza. Nuestros sistemas de ideas (teorías, doctrinas, ideologías) están expuestos al error y deben, por tanto estar abiertas a la revisión y a la refutación. Esto que se enseña especialmente en lo que se refiere a las teorías científicas, no está tan asumido en otros ámbitos de nuestro sistema epistemológico. Dice Morin de las doctrinas, por ejemplo, que son "teorías cerradas en sí mismas y absolutamente persuadidas de su verdad, resultan invulnerables a cualquier crítica que pretenda denunciar sus errores . A este respecto encontramos numerosos ejemplos desastrosos, fatales en la historia del siglo XX. De ahí que la educación del futuro necesite esa dosis de incertidumbre y de relativización de la racionalidad, y nos referiremos con esto a que el conocimiento racional no es una cualidad exclusiva de la mente de los científico y técnicos y en segundo lugar, y muy importante, no es privativa de la civilización occidental.
Educar para la modernidad
El pensador Amin Maalouf nos advierte de una idea clave para entender y poder llegar a las causas de algunos de los conflictos planetarios a los que asistimos. Dice este teórico que "todo lo nuevo que se crea – ya sean edificios, instituciones, herramientas del conocimiento o formas de vida – se crea a imagen de Occidente. Esta realidad no la viven igual los que han nacido en el seno de la civilización dominante y quienes han nacido fuera de ella. Los primeros pueden transformarse, avanzar en la vida sin dejar de ser ellos mismos, incluso cuanto más se modernizan – podría decirse,- más en armonía se sienten con su cultura. Para el resto del mundo, recibir el cambio y la modernidad se plantea en otros términos. Para muchas sociedades, la modernización ha significado perder una parte de ellos mismos. "(Polygone, 2003:30).
¿Por qué se hace necesario entender que la modernización y el progreso son conceptos que significan cosas distintas para unas u otras sociedades? Se hace necesario porque tenemos que educar a las generaciones futuras en la no imposición de nuestros parámetros. Esto es algo que se ha dado en los proyectos y programas de cooperación al desarrollo: se ha entendido durante mucho tiempo que el progreso que llevarían a superar el desarrollo suponían el trasvase de tecnologías a los países desarrollados. Estas prácticas hoy día se han abandonado, no han resultado exitosas. Por tanto, hay que educar para respetar las distintas ideas de modernidad así como para respetar a aquellas comunidades que decidan no subirse al tren de "nuestra" modernización.
Educar para la creatividad
El progreso científico e industrial que ha construido un lenguaje para la técnica suprime la originalidad, la riqueza, la singularidad, la complejidad de cada ser humano. La educación para la creatividad, para la expresión de la individualidad, de las inquietudes artísticas está fuertemente consolidadas en las prácticas pedagógicas de la educación para el desarrollo. A este respecto, huelga decir que es un camino ilusionante el abierto por la Educación para el Desarrollo en su deseo de potenciar las capacidades artísticas y expresivas de los niños y jóvenes.
Enseñar la condición humana
Enseñar la condición humana es una ardua tarea que implica tanto la transmisión de conocimiento científico (qué somos los seres humanos desde el punto de vista de las ciencias naturales), como la reflexión acerca de los comportamientos humanos (ciencias sociales) y nuestras preocupaciones que van mas allá de todo saber verificable (metafísica). Como reza el viejo proverbio latino, nada de lo humano nos es ajeno. Por tanto, es fundamental intentar entender al "homo complexus", indagando en nuestra condición cósmica, nuestro lugar en el mundo, nuestras condiciones físicas y mentales, nuestros sistemas axiológicos, epistemológicos, pautas de conducta y pondremos algunos ejemplos: por qué el hombre tiene necesidad de creer, de culminar un proceso de socialización, cuáles son las distintas visiones de la muerte...Este intento holístico de aprehender unos conocimientos tan ilimitados supone un esfuerzo para nuestros niños del futuro y reto para los educadores sin precedente, pero que tenemos el convencimiento de que, sin duda, revertirá en actitudes maduras, respetuosas, tolerantes, abiertas, relativistas, pacificas y deseables para el futuro.
Enseñar a afrontar
Por último "enseñar a afrontar", el más amplio y difícil de las enseñanzas deseables para el futuro en tanto que contiene a todas las anteriores. Enseñar a afrontar significa hacer ver que se es más sabio y más humano cuanto más conocimiento se tiene de todo aquello de lo que no tenemos conocimiento, dicho de otro modo: enseñar a afrontar es capacitar para el pensamiento complejo, el pensamiento que reconoce y cree en la diversidad, capacitar para el pensamiento crítico, para el análisis, para tomar partido y expresarlo, para valorar las diferencias. Enseñar a afrontar en enseñar a ver con amplias miras, enseñar a asumir que nuestra condición de ciudadanos del mundo requiere de una conciencia crítica por nuestra parte y una disposición favorable a participar, a escuchar, a intercambiar a conocer, y a conocernos.
Pues bien, con todo lo dicho, se hace patente que la Educación para el Desarrollo ha de entenderse más como actitud y compromisos pedagógicos que como conjunto de contenidos temáticos para el cambio estructural, pues todo el conocimiento, todos los saberes, hemos querido demostrar aquí, tienen cabida en la Educación para el desarrollo. La propuesta pedagógica por la que aquí abogamos es valida para todos los conocimientos, esto es, tanto para aquellos contenidos curriculares de la enseñanza formal en todos sus niveles (desde primaria al ámbito universitario) así como aquella otra educación en valores que hoy día esta prácticamente relegada a los espacios de los movimientos sociales (educación para la paz, medioambiental, en derechos humanos...)que se pretende pasen a formar parte de la educación reglada como contenidos curriculares transversales pero sin que se pierda la esencia originaria de la educación para el desarrollo, es decir, sin que se suprimen las prácticas participativas, dialógicas, y creativas de ese modelo pedagógico que, por no restringirse únicamente al punto de vista de los valores, puesto que igualmente puede ser vista desde el ángulo científico y conceptual, no hay argumento para que sea considerada una moda pedagógica" (Abigaray, 1997: 23)
Así pues, a modo de conclusión, cabe decir que son muchas y muy esperanzadoras las metas que se vislumbran para la Educación para el Desarrollo, que constituye una propuesta pedagógica rica y encomiable y que, por tanto, es fundamental que, en este estadio inicial, en el que la implantación es aún reducida, queden bien delimitados sus horizontes, objetivos y contenidos para que así pueda consolidarse y contribuir al desarrollo sostenible del planeta, a la convivencia pacífica y al bienestar de la Humanidad. Nuestro mayor deseo para la Educación para el Desarrollo.
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